| El diseño para la web es un relativamente
nuevo campo de desarrollo para los Diseñadores Gráficos.
El material teórico producido al respecto es escaso y generalmente
orientado a la mostración de productos y no a la reflexión
sobre sus características como entorno, de algún modo,
habitable.
Se toma a las propuestas de diseño desde su expresión
formal sin indagar qué hay detrás de estas formas,
con una mirada quizás ingenua, hacia un nuevo espacio de
comunicación pero también de construcción de
conocimiento, en tanto espacio proyectado y para proyectar.
Al leer el texto “Puertas y ventanas, tamices de la espacialidad”
las analogías y oposiciones con los espacios de la red, prefiero
llamarla red y no web, surgen rápidamente, me parece interesante
adentrarme en esta analogías y oposiciones desde una mirada
que, intentando trascender la mera coincidencia, permita construir
las áreas de ignorancia, necesarias para profundizar en su
conocimiento.
La primera y más notable oposición es la imposibilidad
de ver la totalidad de la red, no hay, por ejemplo, fotografías
aéreas que nos permitan dimensionar su superficie, ni cabría
tampoco imaginarla de esa forma. Tampoco es posible ubicarla en
un lugar determinado estando paradógicamen-te, en múltiples
lugares. La red, sin embargo, es pensable como un espacio en tanto
es un ámbito en el que se desarrollan las más variadas
actividades humanas pero se aleja, en su forma, de las formas del
espacio, entonces, nos queda el significado, aquello que espacio
significa…
Espacio. Continente de todos los
objetos sensibles que existen.(1)
En el espacio que habitamos estamos desde el inicio, antes de nacer
en el estar en el vientre materno, luego en el afuera que es un
adentro, un adentro de ese espacio que será a lo largo de
nuestra vida nuestro lugar a habitar.
Al espacio de la red se entra, se accede a él a través
de una interfaz, la pantalla, ya sea de una computadora, de un teléfono,
de una agenda digital, de…
Por lo tanto tenemos opción, podemos entrar o no en este
espacio. Esta característica me parece fundante de nuestra
relación con la red, es un espacio en el que somos concientes
de entrar y eso nos predispone de una manera particular. El habitar
este espacio carece de la habitualidad de nuestro habitar aquel
otro espacio original, tal vez sea esa la causa, entonces, de la
mayor presencia en nuestro accionar, de los códigos que organizan
ese habitar. La preparación para entrar a la red pone en
alerta nuestros modos perceptivos, de alguna manera nos preparamos
para, situación que no se da en nuestra vida cotidiana, salvo
cuando viajando nos encontramos en un entorno que nos es culturalmente
ajeno.
El espacio de la red es un espacio que se navega, un navegar sinónimo
de transitar pero que, tal vez, prefiera el primer término
por su connotación cercana a la fluidez, a la naturalidad
del deslizamiento…el navegante se desliza por la red, suponiendo
la disponibilidad tecnológica ideal, sin molestias, sin roces,
como por una superficie continua y sin grandes obstáculos
como quien se desplaza por un mar en calma.
[…]
He decidido entrar en la red, para hacerlo, para entrar, necesito
una puerta, sin embargo no es una puerta lo que me permite acceder
a la red sino una llave, una clave, que habilita la conexión
y que me permite acceder a ¿qué? Aquí la primera
opción, porque de eso se trata, de sucesivas opciones. Las
posibilidades son múltiples y dependen de con qué
objetivo haya decidido entrar en la red. Busco una dirección
concreta, necesito información específica, quiero
sencillamente pasear por la red, quiero jugar, hacer compras…
En función del objetivo encontraré la puerta, si
es una dirección concreta lo que busco llegare a una “home”
una “casa” o al portal que, a diferencia del portal
que como “Puerta monumentalizada, entonces portal, suele ser
refuerzo del control, redundancia de su función discriminatoria”
(2) me permite acceder a una especie de “conjunto
de casas” cada una con información diferente.
La puerta y el portal de la red se ofrecen al acceso, es más
necesitan del acceso, porque en tanto estoy veo aquello que se me
quiere mostrar y la red está pensada con ese objetivo, con
el objetivo de mostrar, al menos en el uso comercial que es el que
la define más fuertemente, más allá de su innegable
utilidad para el acceso a instancias de búsqueda e intercambio
de información, es básicamente un espacio para mostrar,
para ver y ser visto, vidriera paradigmática de la sociedad
de información que confunde muchas veces el ver con el saber,
el mostrar con el comunicar.
Si, en cambio, necesito información, la puerta será
una pregunta ¿qué busco? ¿dónde lo quiero
buscar? ¿en qué idioma?
Tengo una dirección, llego a la “home” a la
“casa”, la página inicial del sitio me muestra
la fachada, una fachada que es fachada e interior a la vez, las
palabras e imágenes que veo, en muchos casos, funcionan a
la vez como puertas que permiten acceder a los distintos ambientes
de la casa. El discurso visual y textual que se despliega ante mí
me ubica en el espacio particular propio del dueño de ese
espacio. Códigos gráficos vinculados a colores, tipografías,
estilo de imágenes, me dan señales sobre la personalidad
de quien me habla a través de ese espacio. Códigos
que se encuentran en construcción y que es interesante observar
para intentar comprender qué señales van organizando
nuestro habitar el espacio de la red. La gran cantidad de recursos
gráficos disponibles, la incorporación de sonido y
video, permiten una variedad de alternativas de resolución
que hacen compleja esta tarea, es posible pensar también
que, coherentemente con el momento que vivimos sea inútil
el intento por definir tipologías. Algunos ámbitos,
tal vez más cerrados en cuanto a sus usuarios, han instalado
ciertos códigos cromáticos y gráficos pero
no es posible, al día de hoy asegurar la permanencia de los
mismos.
Las palabras-puertas me muestran los diferentes espacios dentro
del espacio-sitio que puedo visitar, aquí la palabra con
que se los identifica, link o vínculo, me vuelve a llevar
a la red como modelo de organización de este espacio, sin
embargo desde nuestro habitar la red, los vínculos funcionan
como puertas como elementos que, al interactuar con ellos clikear-abrir,
me permiten acceder a otra instancia. Tal como sucede en nuestro
entorno espacial, sobre todo cuando es un espacio público,
las puertas están identificadas con palabras que nos hablan
de lo que encontraremos al trasponerlas, oficina, informes, gerente,
biblioteca, etc, cada espacio en función de las actividades
que en él se realizan se denomina con una palabra, palabras
que nos permiten organizar nuestro recorrido en el espacio, nos
orientan, nos dan también certezas sobre nuestro estar en
ese espacio…es en la puerta que dice…Del mismo modo,
las palabras que encontramos en cada instancia del recorrido por
el sitio, estas nos orientan, organizan nuestro recorrido, es más
en muchos casos, código cromático mediante, nos avisan
que ya hemos estado allí!
Al igual que en el espacio urbano, los pictogramas sintetizan
significantes cuando sus significados son compartidos por la mayoría
de las comunidades, así contáctenos será un
sobre, la forma que queda de las cartas…
Las ventanas, las ventanas son, tal vez uno de los elementos más
activos de este entorno, la pregunta sería ¿aquello
que en la red llamamos ventana, es una ventana?
Ventana. Abertura más o menos
elevada sobre el suelo, que se deja en una pared para dar luz y
ventilación.(1)
Abertura, para que haya una abertura debe haber un muro, ¿cuáles
son los muros de la red?
Elevada sobre el suelo, en este espacio ¿hay suelo?
Dar luz y ventilación, la luz emana desde toda la pantalla,
la ventilación en un espacio que no es espacio en tanto forma
sino en tanto significación.
Entonces, el porqué de la ventana, tal vez tenga que ver
con una simple analogía formal que dio nombre a un recurso
gráfico y de programación que hoy dista mucho de ser
una ventana…
Las ventanas en la red se abren sin que yo las abra, se me imponen,
me exhiben otras fachadas y paradógicamente, me ocultan lo
que estoy viendo. También me permiten desplazar información
dentro de mi campo visual, agrandar, reducir y finalmente, cerrar.
La ventana se convierte en vehículo de información,
complementa o distrae, la abro o se abre, la cierro y se abre nuevamente,
persiste…
Hasta aquí el recorrido tiene ciertas similitudes con nuestro
recorrer habitual, la casa, la puerta, la habitación.
Sin embargo, hay otros recorridos posibles que son los que, justamente,
por no responder a nuestro recorrer habitual, en instancias que
van de lo general a lo particular, ponen en crisis nuestros modos
de habitar este espacio.
Supongamos, por un momento, que busco un dato concreto en un texto
que tengo en mi casa. Lo que busco es una frase de un libro leído
hace tiempo, por lo tanto voy desde mi escritorio a la biblioteca
que se encuentra en el living donde están los libros de ficción,
busco en el primer estante, cierto pretencioso orden alfabético
así me lo indica, recorro con mis ojos los títulos
del mismo autor, finalmente, encuentro el texto…..sé
que marqué la frase cuando leí el texto, lo ojeo,
finalmente doy con ella…
el recorrido me ha llevado por dos ambientes distintos, he visto
otros títulos, otras fachadas, he recorrido el texto, su
casa y finalmente he encontrado lo que buscaba. Este recorrido hacia
la interioridad se altera notablemente cuando utilizamos un buscador…primero
es necesario aprender los modos en los que el buscador opera, luego
hay que tener claro lo que se busca y, sobre todo, lo que no se
busca, sólo así se podrá discriminar entre
la gran cantidad de alternativas que el buscador pone a nuestra
disposición, aquello que no tiene que ver con lo que necesitamos.
Volviendo al ejemplo anterior, ¿escribo la frase o escribo
el autor? Si escribo la frase ¿cuántos textos contienen
frases similares a ésa? Si escribo el autor ¿en cuántos
sitios aparecerá ese autor? Finalmente suponiendo que escribo
la frase y el buscador la encuentra, la puerta-pregunta me llevará
a ella directamente y tal vez nunca sepa cómo es la fachada-home
del sitio en el que se encuentra, de alguna manera, el buscador
me habilita a entrar por uno de los múltiples accesos que
son los textos contenidos en los sitios. Todo texto escrito en un
sitio, salvo que esté trabajado como imagen, será
detectado por un buscador y al seleccionar el vínculo que
se me propone con él habré entrado, directamente a
la frase, sin pasar por el living, la biblioteca, la secuencia de
títulos, el texto completo…
Cuando accedo a un sitio desde su dirección, la misma analogía
de la secuencia de recorrido me ayuda a organizar el recorrido,
de alguna manera podríamos pensar que se proyecta sobre este
nuevo espacio nuestro modo de habitar el otro espacio, fachadas,
puertas, ventanas, elementos con los que organizamos nuestro espacio
y que organizan nuestro espacio…pero qué sucede cuando
el recorrido se altera, cuando entramos por un texto-puerta, cuando
nos metemos por una ventana que finalmente nos sedujo, ¿a
qué apelamos para poder reorientarnos en el nuevo espacio-sitio?.
Apelamos, tal vez, a la pregunta, interrogamos al espacio como
hemos aprendido a interrogar a nuestro entorno y esperamos respuestas
como las que nos brinda nuestro entorno. ¿por dónde
se entra? ¿puedo pasar por aquí?
Inicialmente la necesidad de dar respuesta las preguntas de los
usuarios buscó el apoyo, en los códigos visuales propios
de la señalética, como la utilización de vectores,
en aquellas formas que mostraban, carentes de retórica, su
función, como los botones con relieve y aspecto de botón
real. A medida que se fue construyendo un habitar propio de este
nuevo espacio las metáforas fueron apareciendo y los códigos
se fueron renovando.
Las propuestas iniciales trasladaban a la pantalla los nombres
y códigos visuales propios de otro entorno, por qué
sino llamamos página a algo que no tiene, salvo la proporción
horizontal, hoy puesta en crisis por las pantallas de celulares,
nada que ver con una pieza editorial. El formato y la proporción
como invariantes en las piezas de diseño de un entorno no
digital, también determinaron fuertemente las propuestas
iniciales de diseño, hoy los nuevos soportes de pantalla,
han puesto en crisis esta trasposición.
Esta trasposición caracteriza a todas las innovaciones,
las primeras fotografías retrataban los mismos motivos y
con los mismos encuadres que la pintura, el primer cine era teatro
filmado, así el diseño para la red fue inicialmente
una puesta en pantalla del diseño editorial ó, en
el otro extremo, videos en los cuales todo se movía en forma
constante con la consecuente desorientación por parte del
usuario.
[…]
El tiempo y la forma
La mutabilidad es otra característica de éste espacio,
lo que encontramos hoy puede no estar mañana, la forma de
hoy no es la de ayer…los sitios pueden renovarse continuamente,
en algunas propuestas cada vez que accedemos al sitio, la imagen
que lo caracteriza cambia. Otros cambian por semana o por mes. Otros
no cambian su fachada pero sí las ventanas que ella se despliegan
y se interponen dando la apariencia de novedad.
Este movimiento constante de la información produce, inicialmente,
desconcierto a la vez que es esperado por un usuario que demanda
por el dinamismo, por el cambio constante, por la novedad, llegando
en algunos casos a esperar con interés la nueva imagen de
cada día…
Las formas no permanecen presentes el tiempo necesario para recordarlas,
cambian constantemente y con ello se vuelven lábiles, son
formas pensadas para no perdurar, construyendo, entonces, un espacio
que no permanece…
El tiempo, cómo juega el tiempo en este espacio, las fachadas
no envejecen, no nos muestran el paso del tiempo por ellas, todo
es siempre nuevo, todo es siempre hoy, ahora, la atemporalidad pareciera
reinar…¿cómo será nuestro registro del
tiempo, en un espacio sin tiempo? En un espacio sin tiempo que,
sin embargo recorremos con impaciencia, cada vez esperamos conexiones
más rápidas, soportamos menos los tiempos de espera,
la atemporalidad apresurada…casi un oxímoron…
¿qué idea de tiempo, entonces, se construye desde
este espacio? Un espacio que no registra el paso del tiempo, cómo
nos acompaña en nuestro transcurrir, qué historia
podremos construir en un espacio que no guarda registro del ayer
y con una mañana incierto, poco predecible a partir de la
construcción de hoy…
[…]
La selva y el desierto
No todo en la red es claridad, orden y accesibilidad, también
hay selvas y desiertos. La necesidad de mostrar todo a la vez, de
ofrecer todas las opciones posibles, la yuxtaposición de
contenidos, la mulltiplicidad de servicios, se presentan con la
forma del caos visual, imágenes, palabras, se distribuyen,
no se organizan, en algunos de estos sitios de manera caótica.
El visitante no encuentra respuestas claras a sus preguntas, se
desorienta, se pierde, finalmente se agota y se va, con la carga
de frustración que acompaña este irse de un espacio
que no se ha abierto al recorrido por sobreabundancia de señales
que, justamente por ser tantas, no se han podido comprender.
En el otro extremo, el desierto, la superficie que se despliega
ante los ojos de un visitante que no encuentra en él un gesto,
una palabra que lo oriente, se pierde en la indefinición,
en una imagen que se le aparece muda, sin palabras aliadas, necesarias
para el recorrido.
[…]
Parece pertinente, también, analizar a la luz del texto
“Presencias y modalidades: regulaciones de habitar”
como esta regulaciones se verifican o no en el espacio de la red.
“Las presencias se ubican –con una función no
accesoria sino determinante– en el ámbito de la Estética,
entendido dicho ámbito en el sentido riguroso y primordial
de ser el lugar donde se regula el estar de las cosas. Es obvio,
en este contexto, que la cuestión de que las cosas estén
es una cuestión del orden significativo, es decir que se
trata del verdadero estatuto y lugar de las cosas. La confirmación
de que las cosas estén se conjuga entre la necesaria identidad
configurativa y la también necesaria designación verbal:
sin la conjunción de las formas espaciales y las voces nominativas
las cosas no se presentan.”(3)
El estar de las cosas en la red es un estar mutable un estar, a
veces circunstancial, un sitio puede estar hoy en la red y mañana
no, un mismo sitio puede cambiar de apariencia cada vez que un visitante
entra en él, la imagen o el texto que hoy vemos mañana
puede cambiar o desaparecer. Entonces, como regula este habitar
la presencia-mutable de la forma, una forma que nunca es la definitiva,
porque está en su naturaleza el cambiar, transformarse y
hasta desaparecer.
“Las modalidades se inscriben –con una función
tampoco ornamental sino decisiva– en el dominio de la Etica,
asumiendo para dicho dominio el sentido preciso y básico
de constituir el campo donde se regula el accionar de las personas.
También aquí estamos en el orden significativo, se
trata entonces, del verdadero estatuto y función de las acciones
personales. Que las personas produzcan y coordinen acciones se posibilita
por el entrelazamiento entre la necesaria delimitación de
los comportamientos y la imprescindible repertorización de
los conceptos y las nociones: sin la conjunción de las actividades
corporales y las directivas ideológicas las acciones no se
modelan.”(3)
El accionar de las personas en la red también es diferente
que en espacio habitual del habitar, me resisto a pensar que exista
una para-ética de la red, sin embargo es innegable que las
personas actúan de forma diferente en el contexto virtual,
la no-presencia física habilita conductas que de otro modo
no serían posibles, dialogar con alguien cuyo rostro no conocemos,
cuyo sexo suponemos pero tampoco conocemos en realidad, relaciones
íntimas virtuales que no implican el compromiso corporal,
y, en otros niveles, apropiaciones de producciones intelectuales,
la dilución del concepto de autor.
[…]
El último punto, no por importancia sino por consecuencia
narrativa, sobre el que me interesaría reflexionar es el
de encontrarnos ante un espacio que excluye, de forma más
clara y contundente aún que el espacio urbano. Es un espacio
que invita a recorrerlo sólo a aquellos incluidos en el sistema
y los excluidos, lo son de este espacio más que nunca. Sin
acceso a la tecnología, acceso material e intelectual, se
está fuera de este espacio. Las diferencias de accesibilidad
según el nivel de desarrollo de los países, aumenta
las distancias. Es un espacio que al excluir, excluye, también,
del otro espacio.
“El tercer entorno es una invención de países
desarrollados, de determinados núcleos del Primer Mundo.
Está claro que incrementará el abismo de países
entre Primer y Tercer Mundo. Aún dentro del Primer Mundo
funcionará como criterio de separación y exclusión.
Precisamente por eso una de las cosa a reivindicar- y esto ligado
al derecho al acceso universal a Internet- es el de los medios de
acceso.”(4)
Sin embargo, cabe tener en cuenta que el medio no es el modo y
por tanto la exclusión no es consecuencia del medio sino
de cómo se utiliza el medio, del modo, un modo que no hace
más que reflejar los modos de la sociedad actual, una sociedad
que excluye, que mira sólo lo que se le presenta en el “encuadre”
de su mirada como si fuese otra pantalla más y, que, tal
como sucede al navegar cierra las ventanas que se abren ante sus
ojos para mostrarle algo que no quiere ver. Pareciera que la opción
de ver-no ver que permite el soporte digital se traslada la habitar,
y muchos prefieren cerrar las ventanas…
Este recorrido inicial, dejó muchos resquicios por donde
colarse, muchas hendijas para explorar…
No son temas menores y, sin embargo, poco hay reflexionado al respecto.
Mucho se dice sobre las virtudes de la red, sobre las posibilidades
que ofrece su alcance, sobre las formas que pueblan sus espacios
y poco o nada sobre el habitar que en ella se construye y que ella
construye…
Cómo este nuevo espacio a habitar proyectará su construcción
al otro habitar, ya vimos cómo proyectamos nuestro modo de
habitar al espacio de la red, por qué no pensar en la posibilidad
de que la operación se invierta y que el habitar de la red
se refleje hacia el otro habitar.
Pensar la construcción del habitar en la red implica reflexionar
acerca de esto y mucho más, para quienes diseñamos
en y para la red debiera ser, al menos una inquietud, sino un compromiso
con nuestro tiempo.
DG. Cecilia Mazzeo,
cmazzeo@arnet.com.ar
Prof. Titular Morfología I.II, Prof. Adjunta Diseño,
Carrera de Diseño Gráfico, FADU UBA.
Bibliografía:
1. Diccionario de la lengua española. Real
Academia Española. Vigésima primera edición.
2. Prof. Arq. Roberto Doberti, Puertas y ventanas,
tamices de la espacialidad.
3. Prof. Arq. Roberto Doberti – Arqta. Liliana
Giordano, Presencias y modalidades: regulaciones del habitar.
4. Javier Echeverría, “La telépolis
del siglo XXI”, Clarín Domingo 23 de mayo de 1999
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