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Sitios, portales, ventanas.

La construcción del habitar en la red. Por Cecilia Mazzeo.

   
         
   
 

CLAVES:
FRAGMENTOS DE LA ELABORACIÓN TEÓRICA PARA LA TESIS DOCTORAL "EL IMPACTO DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS EN LA TRANSFORMACIÓN DEL OBJETO DE ENSEÑANZA EN LAS DISCIPLINAS PROYECTUALES DE LA CARRERA DE DISEÑO GRÁFICO."

 

El diseño para la web es un relativamente nuevo campo de desarrollo para los Diseñadores Gráficos. El material teórico producido al respecto es escaso y generalmente orientado a la mostración de productos y no a la reflexión sobre sus características como entorno, de algún modo, habitable.

Se toma a las propuestas de diseño desde su expresión formal sin indagar qué hay detrás de estas formas, con una mirada quizás ingenua, hacia un nuevo espacio de comunicación pero también de construcción de conocimiento, en tanto espacio proyectado y para proyectar.

Al leer el texto “Puertas y ventanas, tamices de la espacialidad” las analogías y oposiciones con los espacios de la red, prefiero llamarla red y no web, surgen rápidamente, me parece interesante adentrarme en esta analogías y oposiciones desde una mirada que, intentando trascender la mera coincidencia, permita construir las áreas de ignorancia, necesarias para profundizar en su conocimiento.

La primera y más notable oposición es la imposibilidad de ver la totalidad de la red, no hay, por ejemplo, fotografías aéreas que nos permitan dimensionar su superficie, ni cabría tampoco imaginarla de esa forma. Tampoco es posible ubicarla en un lugar determinado estando paradógicamen-te, en múltiples lugares. La red, sin embargo, es pensable como un espacio en tanto es un ámbito en el que se desarrollan las más variadas actividades humanas pero se aleja, en su forma, de las formas del espacio, entonces, nos queda el significado, aquello que espacio significa…

Espacio. Continente de todos los objetos sensibles que existen.(1)

En el espacio que habitamos estamos desde el inicio, antes de nacer en el estar en el vientre materno, luego en el afuera que es un adentro, un adentro de ese espacio que será a lo largo de nuestra vida nuestro lugar a habitar.

Al espacio de la red se entra, se accede a él a través de una interfaz, la pantalla, ya sea de una computadora, de un teléfono, de una agenda digital, de…

Por lo tanto tenemos opción, podemos entrar o no en este espacio. Esta característica me parece fundante de nuestra relación con la red, es un espacio en el que somos concientes de entrar y eso nos predispone de una manera particular. El habitar este espacio carece de la habitualidad de nuestro habitar aquel otro espacio original, tal vez sea esa la causa, entonces, de la mayor presencia en nuestro accionar, de los códigos que organizan ese habitar. La preparación para entrar a la red pone en alerta nuestros modos perceptivos, de alguna manera nos preparamos para, situación que no se da en nuestra vida cotidiana, salvo cuando viajando nos encontramos en un entorno que nos es culturalmente ajeno.

El espacio de la red es un espacio que se navega, un navegar sinónimo de transitar pero que, tal vez, prefiera el primer término por su connotación cercana a la fluidez, a la naturalidad del deslizamiento…el navegante se desliza por la red, suponiendo la disponibilidad tecnológica ideal, sin molestias, sin roces, como por una superficie continua y sin grandes obstáculos como quien se desplaza por un mar en calma.

[…]

He decidido entrar en la red, para hacerlo, para entrar, necesito una puerta, sin embargo no es una puerta lo que me permite acceder a la red sino una llave, una clave, que habilita la conexión y que me permite acceder a ¿qué? Aquí la primera opción, porque de eso se trata, de sucesivas opciones. Las posibilidades son múltiples y dependen de con qué objetivo haya decidido entrar en la red. Busco una dirección concreta, necesito información específica, quiero sencillamente pasear por la red, quiero jugar, hacer compras…

En función del objetivo encontraré la puerta, si es una dirección concreta lo que busco llegare a una “home” una “casa” o al portal que, a diferencia del portal que como “Puerta monumentalizada, entonces portal, suele ser refuerzo del control, redundancia de su función discriminatoria” (2) me permite acceder a una especie de “conjunto de casas” cada una con información diferente.

La puerta y el portal de la red se ofrecen al acceso, es más necesitan del acceso, porque en tanto estoy veo aquello que se me quiere mostrar y la red está pensada con ese objetivo, con el objetivo de mostrar, al menos en el uso comercial que es el que la define más fuertemente, más allá de su innegable utilidad para el acceso a instancias de búsqueda e intercambio de información, es básicamente un espacio para mostrar, para ver y ser visto, vidriera paradigmática de la sociedad de información que confunde muchas veces el ver con el saber, el mostrar con el comunicar.

Si, en cambio, necesito información, la puerta será una pregunta ¿qué busco? ¿dónde lo quiero buscar? ¿en qué idioma?

Tengo una dirección, llego a la “home” a la “casa”, la página inicial del sitio me muestra la fachada, una fachada que es fachada e interior a la vez, las palabras e imágenes que veo, en muchos casos, funcionan a la vez como puertas que permiten acceder a los distintos ambientes de la casa. El discurso visual y textual que se despliega ante mí me ubica en el espacio particular propio del dueño de ese espacio. Códigos gráficos vinculados a colores, tipografías, estilo de imágenes, me dan señales sobre la personalidad de quien me habla a través de ese espacio. Códigos que se encuentran en construcción y que es interesante observar para intentar comprender qué señales van organizando nuestro habitar el espacio de la red. La gran cantidad de recursos gráficos disponibles, la incorporación de sonido y video, permiten una variedad de alternativas de resolución que hacen compleja esta tarea, es posible pensar también que, coherentemente con el momento que vivimos sea inútil el intento por definir tipologías. Algunos ámbitos, tal vez más cerrados en cuanto a sus usuarios, han instalado ciertos códigos cromáticos y gráficos pero no es posible, al día de hoy asegurar la permanencia de los mismos.

Las palabras-puertas me muestran los diferentes espacios dentro del espacio-sitio que puedo visitar, aquí la palabra con que se los identifica, link o vínculo, me vuelve a llevar a la red como modelo de organización de este espacio, sin embargo desde nuestro habitar la red, los vínculos funcionan como puertas como elementos que, al interactuar con ellos clikear-abrir, me permiten acceder a otra instancia. Tal como sucede en nuestro entorno espacial, sobre todo cuando es un espacio público, las puertas están identificadas con palabras que nos hablan de lo que encontraremos al trasponerlas, oficina, informes, gerente, biblioteca, etc, cada espacio en función de las actividades que en él se realizan se denomina con una palabra, palabras que nos permiten organizar nuestro recorrido en el espacio, nos orientan, nos dan también certezas sobre nuestro estar en ese espacio…es en la puerta que dice…Del mismo modo, las palabras que encontramos en cada instancia del recorrido por el sitio, estas nos orientan, organizan nuestro recorrido, es más en muchos casos, código cromático mediante, nos avisan que ya hemos estado allí!

Al igual que en el espacio urbano, los pictogramas sintetizan significantes cuando sus significados son compartidos por la mayoría de las comunidades, así contáctenos será un sobre, la forma que queda de las cartas…

Las ventanas, las ventanas son, tal vez uno de los elementos más activos de este entorno, la pregunta sería ¿aquello que en la red llamamos ventana, es una ventana?

Ventana. Abertura más o menos elevada sobre el suelo, que se deja en una pared para dar luz y ventilación.(1)

Abertura, para que haya una abertura debe haber un muro, ¿cuáles son los muros de la red?

Elevada sobre el suelo, en este espacio ¿hay suelo?

Dar luz y ventilación, la luz emana desde toda la pantalla, la ventilación en un espacio que no es espacio en tanto forma sino en tanto significación.

Entonces, el porqué de la ventana, tal vez tenga que ver con una simple analogía formal que dio nombre a un recurso gráfico y de programación que hoy dista mucho de ser una ventana…

Las ventanas en la red se abren sin que yo las abra, se me imponen, me exhiben otras fachadas y paradógicamente, me ocultan lo que estoy viendo. También me permiten desplazar información dentro de mi campo visual, agrandar, reducir y finalmente, cerrar.

La ventana se convierte en vehículo de información, complementa o distrae, la abro o se abre, la cierro y se abre nuevamente, persiste…

Hasta aquí el recorrido tiene ciertas similitudes con nuestro recorrer habitual, la casa, la puerta, la habitación.

Sin embargo, hay otros recorridos posibles que son los que, justamente, por no responder a nuestro recorrer habitual, en instancias que van de lo general a lo particular, ponen en crisis nuestros modos de habitar este espacio.

Supongamos, por un momento, que busco un dato concreto en un texto que tengo en mi casa. Lo que busco es una frase de un libro leído hace tiempo, por lo tanto voy desde mi escritorio a la biblioteca que se encuentra en el living donde están los libros de ficción, busco en el primer estante, cierto pretencioso orden alfabético así me lo indica, recorro con mis ojos los títulos del mismo autor, finalmente, encuentro el texto…..sé que marqué la frase cuando leí el texto, lo ojeo, finalmente doy con ella…

el recorrido me ha llevado por dos ambientes distintos, he visto otros títulos, otras fachadas, he recorrido el texto, su casa y finalmente he encontrado lo que buscaba. Este recorrido hacia la interioridad se altera notablemente cuando utilizamos un buscador…primero es necesario aprender los modos en los que el buscador opera, luego hay que tener claro lo que se busca y, sobre todo, lo que no se busca, sólo así se podrá discriminar entre la gran cantidad de alternativas que el buscador pone a nuestra disposición, aquello que no tiene que ver con lo que necesitamos. Volviendo al ejemplo anterior, ¿escribo la frase o escribo el autor? Si escribo la frase ¿cuántos textos contienen frases similares a ésa? Si escribo el autor ¿en cuántos sitios aparecerá ese autor? Finalmente suponiendo que escribo la frase y el buscador la encuentra, la puerta-pregunta me llevará a ella directamente y tal vez nunca sepa cómo es la fachada-home del sitio en el que se encuentra, de alguna manera, el buscador me habilita a entrar por uno de los múltiples accesos que son los textos contenidos en los sitios. Todo texto escrito en un sitio, salvo que esté trabajado como imagen, será detectado por un buscador y al seleccionar el vínculo que se me propone con él habré entrado, directamente a la frase, sin pasar por el living, la biblioteca, la secuencia de títulos, el texto completo…

Cuando accedo a un sitio desde su dirección, la misma analogía de la secuencia de recorrido me ayuda a organizar el recorrido, de alguna manera podríamos pensar que se proyecta sobre este nuevo espacio nuestro modo de habitar el otro espacio, fachadas, puertas, ventanas, elementos con los que organizamos nuestro espacio y que organizan nuestro espacio…pero qué sucede cuando el recorrido se altera, cuando entramos por un texto-puerta, cuando nos metemos por una ventana que finalmente nos sedujo, ¿a qué apelamos para poder reorientarnos en el nuevo espacio-sitio?.

Apelamos, tal vez, a la pregunta, interrogamos al espacio como hemos aprendido a interrogar a nuestro entorno y esperamos respuestas como las que nos brinda nuestro entorno. ¿por dónde se entra? ¿puedo pasar por aquí?

Inicialmente la necesidad de dar respuesta las preguntas de los usuarios buscó el apoyo, en los códigos visuales propios de la señalética, como la utilización de vectores, en aquellas formas que mostraban, carentes de retórica, su función, como los botones con relieve y aspecto de botón real. A medida que se fue construyendo un habitar propio de este nuevo espacio las metáforas fueron apareciendo y los códigos se fueron renovando.

Las propuestas iniciales trasladaban a la pantalla los nombres y códigos visuales propios de otro entorno, por qué sino llamamos página a algo que no tiene, salvo la proporción horizontal, hoy puesta en crisis por las pantallas de celulares, nada que ver con una pieza editorial. El formato y la proporción como invariantes en las piezas de diseño de un entorno no digital, también determinaron fuertemente las propuestas iniciales de diseño, hoy los nuevos soportes de pantalla, han puesto en crisis esta trasposición.

Esta trasposición caracteriza a todas las innovaciones, las primeras fotografías retrataban los mismos motivos y con los mismos encuadres que la pintura, el primer cine era teatro filmado, así el diseño para la red fue inicialmente una puesta en pantalla del diseño editorial ó, en el otro extremo, videos en los cuales todo se movía en forma constante con la consecuente desorientación por parte del usuario.


[…]


El tiempo y la forma

La mutabilidad es otra característica de éste espacio, lo que encontramos hoy puede no estar mañana, la forma de hoy no es la de ayer…los sitios pueden renovarse continuamente, en algunas propuestas cada vez que accedemos al sitio, la imagen que lo caracteriza cambia. Otros cambian por semana o por mes. Otros no cambian su fachada pero sí las ventanas que ella se despliegan y se interponen dando la apariencia de novedad.

Este movimiento constante de la información produce, inicialmente, desconcierto a la vez que es esperado por un usuario que demanda por el dinamismo, por el cambio constante, por la novedad, llegando en algunos casos a esperar con interés la nueva imagen de cada día…

Las formas no permanecen presentes el tiempo necesario para recordarlas, cambian constantemente y con ello se vuelven lábiles, son formas pensadas para no perdurar, construyendo, entonces, un espacio que no permanece…

El tiempo, cómo juega el tiempo en este espacio, las fachadas no envejecen, no nos muestran el paso del tiempo por ellas, todo es siempre nuevo, todo es siempre hoy, ahora, la atemporalidad pareciera reinar…¿cómo será nuestro registro del tiempo, en un espacio sin tiempo? En un espacio sin tiempo que, sin embargo recorremos con impaciencia, cada vez esperamos conexiones más rápidas, soportamos menos los tiempos de espera, la atemporalidad apresurada…casi un oxímoron…

¿qué idea de tiempo, entonces, se construye desde este espacio? Un espacio que no registra el paso del tiempo, cómo nos acompaña en nuestro transcurrir, qué historia podremos construir en un espacio que no guarda registro del ayer y con una mañana incierto, poco predecible a partir de la construcción de hoy…

[…]

La selva y el desierto


No todo en la red es claridad, orden y accesibilidad, también hay selvas y desiertos. La necesidad de mostrar todo a la vez, de ofrecer todas las opciones posibles, la yuxtaposición de contenidos, la mulltiplicidad de servicios, se presentan con la forma del caos visual, imágenes, palabras, se distribuyen, no se organizan, en algunos de estos sitios de manera caótica. El visitante no encuentra respuestas claras a sus preguntas, se desorienta, se pierde, finalmente se agota y se va, con la carga de frustración que acompaña este irse de un espacio que no se ha abierto al recorrido por sobreabundancia de señales que, justamente por ser tantas, no se han podido comprender.

En el otro extremo, el desierto, la superficie que se despliega ante los ojos de un visitante que no encuentra en él un gesto, una palabra que lo oriente, se pierde en la indefinición, en una imagen que se le aparece muda, sin palabras aliadas, necesarias para el recorrido.

[…]

Parece pertinente, también, analizar a la luz del texto “Presencias y modalidades: regulaciones de habitar” como esta regulaciones se verifican o no en el espacio de la red.

“Las presencias se ubican –con una función no accesoria sino determinante– en el ámbito de la Estética, entendido dicho ámbito en el sentido riguroso y primordial de ser el lugar donde se regula el estar de las cosas. Es obvio, en este contexto, que la cuestión de que las cosas estén es una cuestión del orden significativo, es decir que se trata del verdadero estatuto y lugar de las cosas. La confirmación de que las cosas estén se conjuga entre la necesaria identidad configurativa y la también necesaria designación verbal: sin la conjunción de las formas espaciales y las voces nominativas las cosas no se presentan.”(3)

El estar de las cosas en la red es un estar mutable un estar, a veces circunstancial, un sitio puede estar hoy en la red y mañana no, un mismo sitio puede cambiar de apariencia cada vez que un visitante entra en él, la imagen o el texto que hoy vemos mañana puede cambiar o desaparecer. Entonces, como regula este habitar la presencia-mutable de la forma, una forma que nunca es la definitiva, porque está en su naturaleza el cambiar, transformarse y hasta desaparecer.

“Las modalidades se inscriben –con una función tampoco ornamental sino decisiva– en el dominio de la Etica, asumiendo para dicho dominio el sentido preciso y básico de constituir el campo donde se regula el accionar de las personas. También aquí estamos en el orden significativo, se trata entonces, del verdadero estatuto y función de las acciones personales. Que las personas produzcan y coordinen acciones se posibilita por el entrelazamiento entre la necesaria delimitación de los comportamientos y la imprescindible repertorización de los conceptos y las nociones: sin la conjunción de las actividades corporales y las directivas ideológicas las acciones no se modelan.”(3)

El accionar de las personas en la red también es diferente que en espacio habitual del habitar, me resisto a pensar que exista una para-ética de la red, sin embargo es innegable que las personas actúan de forma diferente en el contexto virtual, la no-presencia física habilita conductas que de otro modo no serían posibles, dialogar con alguien cuyo rostro no conocemos, cuyo sexo suponemos pero tampoco conocemos en realidad, relaciones íntimas virtuales que no implican el compromiso corporal, y, en otros niveles, apropiaciones de producciones intelectuales, la dilución del concepto de autor.

[…]

El último punto, no por importancia sino por consecuencia narrativa, sobre el que me interesaría reflexionar es el de encontrarnos ante un espacio que excluye, de forma más clara y contundente aún que el espacio urbano. Es un espacio que invita a recorrerlo sólo a aquellos incluidos en el sistema y los excluidos, lo son de este espacio más que nunca. Sin acceso a la tecnología, acceso material e intelectual, se está fuera de este espacio. Las diferencias de accesibilidad según el nivel de desarrollo de los países, aumenta las distancias. Es un espacio que al excluir, excluye, también, del otro espacio.

“El tercer entorno es una invención de países desarrollados, de determinados núcleos del Primer Mundo. Está claro que incrementará el abismo de países entre Primer y Tercer Mundo. Aún dentro del Primer Mundo funcionará como criterio de separación y exclusión. Precisamente por eso una de las cosa a reivindicar- y esto ligado al derecho al acceso universal a Internet- es el de los medios de acceso.”(4)

Sin embargo, cabe tener en cuenta que el medio no es el modo y por tanto la exclusión no es consecuencia del medio sino de cómo se utiliza el medio, del modo, un modo que no hace más que reflejar los modos de la sociedad actual, una sociedad que excluye, que mira sólo lo que se le presenta en el “encuadre” de su mirada como si fuese otra pantalla más y, que, tal como sucede al navegar cierra las ventanas que se abren ante sus ojos para mostrarle algo que no quiere ver. Pareciera que la opción de ver-no ver que permite el soporte digital se traslada la habitar, y muchos prefieren cerrar las ventanas…

Este recorrido inicial, dejó muchos resquicios por donde colarse, muchas hendijas para explorar…

No son temas menores y, sin embargo, poco hay reflexionado al respecto. Mucho se dice sobre las virtudes de la red, sobre las posibilidades que ofrece su alcance, sobre las formas que pueblan sus espacios y poco o nada sobre el habitar que en ella se construye y que ella construye…

Cómo este nuevo espacio a habitar proyectará su construcción al otro habitar, ya vimos cómo proyectamos nuestro modo de habitar al espacio de la red, por qué no pensar en la posibilidad de que la operación se invierta y que el habitar de la red se refleje hacia el otro habitar.

Pensar la construcción del habitar en la red implica reflexionar acerca de esto y mucho más, para quienes diseñamos en y para la red debiera ser, al menos una inquietud, sino un compromiso con nuestro tiempo.

 

DG. Cecilia Mazzeo,
cmazzeo@arnet.com.ar

Prof. Titular Morfología I.II, Prof. Adjunta Diseño, Carrera de Diseño Gráfico, FADU UBA.

 

Bibliografía:

1. Diccionario de la lengua española. Real Academia Española. Vigésima primera edición.
2. Prof. Arq. Roberto Doberti, Puertas y ventanas, tamices de la espacialidad.
3. Prof. Arq. Roberto Doberti – Arqta. Liliana Giordano, Presencias y modalidades: regulaciones del habitar.
4. Javier Echeverría, “La telépolis del siglo XXI”, Clarín Domingo 23 de mayo de 1999

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