Este proyecto nos encantó desde que las ingenieras-cocineras que lo impulsan atravesaron las puertas del estudio buscando nuestra ayuda. Venían con muestras insólitas de mix y blends de especias y verduras, un producto inexistente en la escena local. Nos pareció que hacía falta desarrollar, más que una marca gráfica, una fantasía, una historia que diera identidad y sentido al producto. Y buscamos pueblos en mapas de Europa, listas de inmigrantes en los registros aduaneros del siglo pasado e infinitas fotos de tiendas a cielo abierto, terrazas al mar, utencillos de cocina envejecidos por el uso.
Todo eso fue decantando en un nombre que suena a historias familiares, en bandas que recuerdan manteles o toldos, en ilustraciones muy gestuales y un logotipo en fuente romana, que refuerza la idea del nombre propio y aporta una cuota de tradición más clásica.
|